LA PAZ DE JESUS VS LA PAZ DEL MUNDO
En nuestra querida Colombia hemos asistido en los últimos cuarenta años a confrontaciones civiles y militares en búsqueda de la paz, sin lograr aun que la disfrutemos. En algunos momentos hemos creído que está muy cerca, pero en verdad es solo una apariencia. Sin embargo los esfuerzos políticos, sociales, religiosos y militares no han producido la respuesta que siempre hemos esperado.
En éste Domingo el Señor nos dice: “la paz os dejo, mi paz os doy: No os la doy como la da el mundo”. Estas palabras nos alegran, nos confortan, pero también nos dejan muy claro que la paz que nos da el mundo no es, no ha sido ni será como la que nos da el Señor Jesús.
El Señor nos da la paz como resultado del perdón, de la reconciliación y del amor. Es una paz que nos permite dar la mano al que nos ofendió, es una paz que no espera negociaciones económicas, sino que espera de nosotros el que nos reconozcamos como hermanos bajo la paternidad de un Dios que es de amor y de paz.
La violencia como experiencia contraria a la paz nace de los corazones que están consumidos en el odio, en el deseo de venganza, en la envidia, en el desamor y especialmente en el gran irrespeto a la persona humana.
Perdemos la paz con facilidad si no tenemos una espiritualidad bien definida en el seguimiento del Señor Jesús. Si decimos ser Cristianos, incluso si vamos a Misa y comulgamos pero no perdonamos, y no miramos en la persona del esposo, la esposa, el secuestrador, el violador, el que nos ha venido robando, estigmatizando, rotulando, humillando, a la persona del mismo Señor Jesús, entonces podremos caer con facilidad en actitudes que no son las más cristianas y por supuesto las que menos ayudan en la construcción de la paz.
Nuestra espiritualidad cristiana necesita pasar del ser tan cultual al ser mas vivencial. Es decir necesitamos conocer los valores propios del Señor Jesús y del Evangelio para que desde el culto los oremos, los llevemos al altar y así en ésa íntima unión con el Señor realicemos nuestra vida en confrontación con los demás desde el amor que nos lleva a la paz.
No podemos desconocer los conflictos que puedan surgir en nuestra vida, ellos existen y siempre existirán, pero es en nuestra manera de afrontarlos que podremos poner a prueba nuestra espiritualidad. Si perdemos la paz en nuestra vida frente a los conflictos debemos crecer más en nuestra espiritualidad cristiana. La oración con nuestros hermanos, la lectura asidua de la Palabra de Dios, el conocimiento del Magisterio de la Iglesia, la lectura de la vida de los santos constructores de paz, la participación en la vida pastoral de nuestras Parroquias y la adoración Eucarística junto con su comunión son las prácticas más recomendadas para poder ser hombres y mujeres de paz.
Construyamos la paz con todas éstas prácticas espirituales y recibamos nuevamente la paz que Jesús nos da. Que la Paz del Señor Jesús nos siga acompañando.
P. Sady Espinel Aldana
padresady@gmail.com
