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La Coctelera

PALABRA, FE Y MEDIOS

Los medios al servicio de la construcción del Reino de Dios.

18 Mayo 2007

QUE HACEMOS MIRANDO AL CIELO?

QUE ESTAMOS HACIENDO MIRANDO AL CIELO?

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 24, 46-53

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

-- Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.

Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo) Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra del Señor

Hemos llegado al domingo de la Ascensión del Señor. El verbo ascender ilustra la liturgia de éste domingo. Jesús Asciende al cielo. La narración que nos trae San Lucas es muy precisa: Jesús sube al cielo.

También el libro de los Hechos de los Apóstoles en su primer capítulo nos presenta el relato de la ascensión o subida de Jesús al cielo, dejándonos un gran interrogante, qué hacen ahí mirando al cielo?

Nuestra tarea inicia con la subida de Jesús a la casa de su Padre. Es ahora cuando todos nosotros los bautizados empezamos a construir nuestro cielo con nuestra propia tarea en la tierra. No podemos quedarnos mirando al cielo. Nuestra Iglesia es de aquí abajo y está en continua en peregrinación hacia el cielo.

Antes de subir a lo Alto, Jesús nos ha confiado la misión de ser sus testigos en todos los rincones de la tierra, durante todo el tiempo que dure la historia de los hombres. Nosotros debemos recoger la antorcha de manos de Cristo, alumbrar a los pueblos de nuestro tiempo, y pasar después esa misma antorcha a otros hombres, que dinámicos e ilusionados, siguiéramos levantando en alto la Luz. Tal como el Señor dispuso, así lo ha hecho la Iglesia. Con su palabra, y sobre todo con su vida misma, los apóstoles dieron testimonio de Jesucristo, encendieron el mundo frío de su época y prendieron el fuego que Jesús trajo para incendiar la tierra y el tiempo, la Historia entera.

Ante ese triunfo de la Ascensión, el mandato de Jesús cobra una fuerza singular, entonces se comprendía el valor de la Pasión y la Muerte. Desde esa nueva perspectiva, la Cruz ya no era un escándalo ni una locura; todo lo contrario, era la fuerza y la sabiduría de Dios. Desde ese momento se podía hablar de perdón y de conversión. Ya no se podía dudar del amor y del poder divino de Jesús. Ya era posible predicar la conversión, exhortar a los hombres para que volvieran a Dios, seguros de su perdón y de su misericordia. Con la Ascensión de Jesucristo el camino está abierto, y también nosotros podemos recorrerlo.

Vemos con alegría como hay muchos hombres y mujeres cumpliendo con las palabras que Jesús nos da antes de su partida, pero también nos preocupan tantos cristianos que aún no viven su bautismo. En estos días nuestro continente espera las conclusiones de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se ha propuesto junto con los Obispos, Sacerdotes y Laicos reunidos en Aparecida Brasil, reflexionar sobre nuestra misión y discipulado. La reflexión no es otra que sobre la tarea que nos dejó Jesús: “ir a todas las naciones a anunciar la buena nueva”. A quiénes nos corresponde ésta tarea? A todos, no solamente al Clero, sino a todos los bautizados. Seguramente en Aparecida, Brasil, nuestros Obispos nos van a sugerir el cómo hay que cumplir con ésa tarea, y el lugar específico de ésa tarea.

No podemos quedarnos plantados mirando al cielo mientras en la tierra hay tanta desigualdad social, económica, y mientras que entre nosotros aún no vivimos relaciones de fraternidad, justicia e igualdad.

Nuestra religión no puede ser sólo de contemplación. La misma vida de Jesús nos indica que el Cristiano debe ser una persona comprometida con el otro, el prójimo, el hermano, haciendo posible que el reino de Dios se pueda percibir entre nosotros.

Es la hora de recoger el "relevo" que Cristo nos da. Es la hora de la Iglesia y del Espíritu. Es la hora de la madurez. Por eso entendemos las palabras de Jesús "les conviene que yo me vaya". Recibimos el Espíritu Santo para dar testimonio de nuestra fe. La gran tentación que tenemos es quedarnos parados mirando al cielo: "¿qué hacemos ahí plantados?". Hoy día también somos tentados si vivimos una fe desencarnada de la vida. Es significativo que en la reflexión de los Obispos en Brasil sea una constante la petición de que la Iglesia se implique más en los problemas de la sociedad. La Iglesia somos todos los cristianos, luego todos tenemos que implicarnos más en la defensa de la dignidad del ser humano, de la vida, de la paz, de la justicia. ¿Cómo vivo yo el encargo que Jesús me hace de anunciar su Evangelio?, ¿qué estoy haciendo para que mi fe me lleve a la transformación de este mundo?, ¿cómo asumo el compromiso de la Eucaristía, la misión que cada domingo se me encomienda en la mesa del compartir? Recuerda que la Eucaristía es el sacramento del servicio.....a Dios y al hermano.

padresady@gmail.com

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11 Mayo 2007

LA PAZ DE JESUS VS LA PAZ DEL MUNDO

En la historia de la humanidad, la paz siempre ha sido una búsqueda en donde se han invertido muchos recursos económicos, humanos y hasta se han sacrificado miles y miles de vidas.

En nuestra querida Colombia hemos asistido en los últimos cuarenta años a confrontaciones civiles y militares en búsqueda de la paz, sin lograr aun que la disfrutemos. En algunos momentos hemos creído que está muy cerca, pero en verdad es solo una apariencia. Sin embargo los esfuerzos políticos, sociales, religiosos y militares no han producido la respuesta que siempre hemos esperado.

En éste Domingo el Señor nos dice: “la paz os dejo, mi paz os doy: No os la doy como la da el mundo”. Estas palabras nos alegran, nos confortan, pero también nos dejan muy claro que la paz que nos da el mundo no es, no ha sido ni será como la que nos da el Señor Jesús.

El Señor nos da la paz como resultado del perdón, de la reconciliación y del amor. Es una paz que nos permite dar la mano al que nos ofendió, es una paz que no espera negociaciones económicas, sino que espera de nosotros el que nos reconozcamos como hermanos bajo la paternidad de un Dios que es de amor y de paz.

La violencia como experiencia contraria a la paz nace de los corazones que están consumidos en el odio, en el deseo de venganza, en la envidia, en el desamor y especialmente en el gran irrespeto a la persona humana.

Perdemos la paz con facilidad si no tenemos una espiritualidad bien definida en el seguimiento del Señor Jesús. Si decimos ser Cristianos, incluso si vamos a Misa y comulgamos pero no perdonamos, y no miramos en la persona del esposo, la esposa, el secuestrador, el violador, el que nos ha venido robando, estigmatizando, rotulando, humillando, a la persona del mismo Señor Jesús, entonces podremos caer con facilidad en actitudes que no son las más cristianas y por supuesto las que menos ayudan en la construcción de la paz.

Nuestra espiritualidad cristiana necesita pasar del ser tan cultual al ser mas vivencial. Es decir necesitamos conocer los valores propios del Señor Jesús y del Evangelio para que desde el culto los oremos, los llevemos al altar y así en ésa íntima unión con el Señor realicemos nuestra vida en confrontación con los demás desde el amor que nos lleva a la paz.

No podemos desconocer los conflictos que puedan surgir en nuestra vida, ellos existen y siempre existirán, pero es en nuestra manera de afrontarlos que podremos poner a prueba nuestra espiritualidad. Si perdemos la paz en nuestra vida frente a los conflictos debemos crecer más en nuestra espiritualidad cristiana. La oración con nuestros hermanos, la lectura asidua de la Palabra de Dios, el conocimiento del Magisterio de la Iglesia, la lectura de la vida de los santos constructores de paz, la participación en la vida pastoral de nuestras Parroquias y la adoración Eucarística junto con su comunión son las prácticas más recomendadas para poder ser hombres y mujeres de paz.

Construyamos la paz con todas éstas prácticas espirituales y recibamos nuevamente la paz que Jesús nos da. Que la Paz del Señor Jesús nos siga acompañando.

P. Sady Espinel Aldana

padresady@gmail.com

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21 Abril 2007

TERCER DOMINGO DE PASCUA

JESUS APARECE POR TECERA VEZ PARA DECIRNOS: HAGAN TODO EN MI NOMBRE.

Durante éste tiempo de Pascua es muy común que encontremos al Señor Resucitado que aparece a sus discípulos. Precisamente estamos en el tiempo de la Pascua, tiempo de la resurrección, de la vida nueva, del bautismo y del nacimiento de la Iglesia.

Seguramente todos nosotros, cristianos o indiferentes, hemos experimentado momentos de desilusión, desánimo, crisis, falta de fe y especialmente al igual que los discípulos del Señor hemos bregado toda la noche y no hemos logrado pescar nada.

En ésa pesca infructuosa se encuentran muchos padres de familia que no ven los mejores frutos en sus hijos, marcados por la indiferencia frente a Dios, a su propios padres, maestros, dejándose llevar por los criterios de sus amigos de barrio, compañeros de colegio o universidad, pero cada vez más cerca de las grandes esclavitudes de los adolescentes de nuestra época.

También encontramos a tantos esposas y esposos cansados de luchar por un hogar unido, fiel, espiritual y sólo encuentran mal trato, indiferencia y separaciones que dejan a sus hijos a la deriva de un proceso jurídico de divorcio.

De igual manera encontramos gobernantes, dirigentes y líderes comunitarios que se cansaron en la búsqueda de la paz, en la lucha contra la corrupción, el narcotráfico y la violencia, esperando que los procesos comunitarios sean honestos y transparentes.

Son muchos los cristianos que han tirado las redes al estilo de los discípulos y no han tenido suerte, esperaban una buena pesca y por el contrario están desanimados, tristes, solos, deprimidos y como nos dice hoy el Evangelio acerca de Pedro: desnudos, es decir se han abandonado a cualquier clase de suerte.

A todos nosotros que hemos experimentado ésta mala suerte en nuestra pesca, se nos aparece el Señor y nos dice: “echen la redes a la derecha y encontraran pescado”. En la actualidad el Señor Resucitado nos invita a echar las redes en su nombre. A educar los hijos en su nombre, a formar un hogar en su nombre, a dirigir el destino de los pueblos en su nombre, a hacer todas las cosas en su nombre.

Muchos hemos bregado toda la noche, como nos dice el Evangelio acerca de los discípulos pero, ha sido un trabajo a nuestro estilo. Creímos que educar a los hijos era a nuestra manera, en el colegio más famoso, el de moda, hemos formado un hogar con criterios basados en la sicología o los consejos del sexólogo, hemos querido conducir los destinos de los pueblos según los criterios de los grandes estadistas, sociólogos y movimientos políticos de moda, pero no lo hemos hecho en NOMBRE DE JESUS.

Nos dice el Evangelista que las redes estaban a punto de reventarse, por la cantidad tan grande de peces, una vez que hicieron lo que Jesús les dijo. También nosotros vamos a experimentar la abundancia en el amor, la alegría en la educación de los hijos y la paz en nuestra población si empezamos a hacer todo en nombre de Jesús.

Valdría la pena que en éste Domingo nos detuviéramos a hacer una buena reflexión en base a una sola pregunta: cuándo he iniciado una obra, una actividad, una empresa, una familia, una tarea, una especialización, una nueva relación, lo he hecho en nombre de Jesús o lo he hecho de acuerdo a mis criterios egoístas y a veces hasta utilitaristas?

Si deseas compartir tu reflexión me puedes escribir a mi correo electrónico, o al entrar a mi blog puedes dejar tu comentario, inquietud o consejo para poder estar inter-comunicados.

P. Sady Espinel Aldana

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Al igual que los primeros discípulos de Jesús, he escuchado su voz para ir a anunciar en éste momento actual, caracterizado por los medios de comunicación social. Respondí a mi vocación sacerdotal en mi querida Bucaramanga, en donde descubrí el reto de anunciar el Evangelio, con la agobiante fatiga de llegarle a muy pocos, por ésto vi en la radio, la televisíon y los medios modernos el lugar para sembrar y anunciar la Palabra. He respondido con mayor entrega, dedicándome a estudiar en la Universidad Gregoriana de Roma, en La Oblate School y en la tarea diaria de las emisoras, periódicos, publicaciones y medios que han aparecido a mis ojos como el AREOPAGO a San Pablo. Ahora he tenido la responsabilidad de motivar y entusiasmar a los Obispos, Sacerdotes y Laicos de mi Diócesis. Tarea muy importante. Por esto he creado este Blog, para compartir experiencias y así despertar el interes y la motivación por usar estos medios para el servivio de la Evangelización

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